lunes, 31 de octubre de 2011

Lecturas Lunes 31 de Octubre de 2011

JMJ

Pax

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14,12-14

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer:
"Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus
parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso
quedarías recompensado.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los
ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará,
cuando resuciten los justos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Suplicamos su oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin sus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que lea. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdenos en sus intenciones y misas!

Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las "palabras de vida eterna" (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm

Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/swf/l.swf?video_id=v82JVdXAUUs

Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: "si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. Idolatramos aquello que preferimos a Él (descanso, comida, trabajo, compañía). Por eso, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: "quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación" (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? abortar (todos los métodos anticonceptivos son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, demorar en bautizar a los niños, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado, etc. Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa.

 

Misal

lun 31a. Ordinario año impar

Antífona de Entrada

Que se postre ante ti, Señor, la Tierra entera; que todos canten himnos en tu honor y alabanzas a tu nombre.

 

Oración Colecta

Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas los cielos y la tierra, escucha
paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

 

Primera Lectura

Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 29-36

Hermanos: Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su
misericordia con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora
son los rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzaran la misericordia de Dios,
también ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía,
para manifestarnos a todos su misericordia.
¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e
incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado
a ser su consejero?¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar?
En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la
gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 68

A ti, Señor, elevo mi plegaria.

Mírame, Señor, enfermo y afligido; defiéndeme y ayúdame, Dios mío. En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido.
A ti, Señor, elevo mi plegaria.

Se alegrarán al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo; porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
A ti, Señor, elevo mi plegaria.

Ciertamente el Señor salvará a Sión, reconstruirá a Judá; la heredarán los hijos de sus siervos, quienes aman a Dios la habitarán. A ti, Señor, elevo mi plegaria.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Si se mantienen fieles a mi palabra, dice el Señor, serán verdaderamente discípulos míos y
conocerán la verdad. Aleluya.

Evangelio

No invites a tus amigos, sino a los pobres.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14,12-14

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer:
"Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus
parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso
quedarías recompensado.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los
ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará,
cuando resuciten los justos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración sobre las Ofrendas

Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos
el memorial del sacrificio de tu Hijo, se lleva a cabo la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

 

Prefacio

La salvación por Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, lo redimiste por tu
misericordia, por Cristo Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común
alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:

Amén.

Antífona de la Comunión

Para mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes.

 

Oración después de la Comunión

Oremos:
Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad para que, alimentados del mismo pan del cielo,
permanezcamos siempre unidos por el mismo amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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Meditación diaria

 

31ª semana. Lunes

SIN ESPERAR NADA EGOÍSTAMENTE

— Dar y darnos aunque no veamos fruto ni correspondencia.

— El premio a la generosidad.

— Dar con alegría. Poner al servicio de los demás los talentos recibidos.

I. Jesús había sido invitado a comer por uno de los fariseos importantes del lugar1 y, una vez más, utiliza la imagen del banquete para transmitirnos una enseñanza importante sobre aquello que hemos de hacer por los demás y el modo de llevarlo a cabo. Dirigiéndose al que le había invitado, dijo el Señor: Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea que también ellos te devuelvan la invitación y te sirva de recompensa. Por el contrario, indica Jesús enseguida a quiénes se ha de invitar: a los pobres, a los tullidos y cojos, a los ciegos... Y da la razón de esta elección: serás bienaventurado, porque no tienen para corresponderte; se te recompensará en la resurrección de los justos2.

Los amigos, los parientes, los vecinos ricos se verán obligados por nuestra invitación a corresponder con otra, al menos de la misma categoría o mejor aún. Lo invertido en la cena ha dado ya su fruto inmediato. Esto puede ser una obra humana recta, incluso muy buena si hay rectitud de intención y los fines son nobles (amistad, apostolado, aunar lazos familiares...), pero, en sí misma, poco se diferencia de lo que pueden hacer los paganos. Es manera humana de obrar: Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis el bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo...3, dirá el Señor en otra ocasión. La caridad del cristiano va más lejos, pues incluye y sobrepasa a la vez el plano de lo natural, de lo meramente humano: da por amor al Señor, y sin esperar nada a cambio. Los pobres, los mutilados... nada pueden devolver pues nada tienen. Entonces es fácil ver a Cristo en los demás. La imagen del banquete no se reduce exclusivamente a los bienes materiales; es imagen de todo lo que el hombre puede ofrecer a otros: aprecio, alegría, optimismo, compañía, atención...

Se cuenta en la vida de San Martín que estando el Santo en sueños le pareció ver a Cristo vestido con la mitad de la capa de oficial romano que poco tiempo antes había dado a un pobre. Miró atentamente al Señor y reconoció su ropa. Al mismo tiempo oyó que Jesús, con voz que nunca olvidaría, decía a los ángeles que le acompañaban: "Martín, que solo es catecúmeno, me ha cubierto con este vestido". Y enseguida, el Santo recordó otras palabras de Jesús: Cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis4. Esta visión llenó de aliento y de paz a Martín, y recibió enseguida el Bautismo5.

No debemos hacer el bien esperando en esta vida una recompensa, ni un fruto inmediato. Aquí debemos ser generosos (en el apostolado, en la limosna, en obras de misericordia...) sin esperar recibir nada por ello. La caridad no busca nada, la caridad no es ambiciosa6. Dar, sembrar, darnos aunque no veamos fruto, ni correspondencia, ni agradecimiento, ni beneficio personal aparente alguno. El Señor nos enseña en esta parábola a dar liberalmente, sin calcular retribución alguna. Ya la tendremos con abundancia.

II. Nada se pierde de lo que llevamos a cabo en beneficio de los demás. El dar ensancha el corazón y lo hace joven, y aumenta su capacidad de amar. El egoísmo empequeñece, limita el propio horizonte y lo hace pobre y corto. Por el contrario, cuanto más damos, más se enriquece el alma. A veces no veremos los frutos, ni cosecharemos agradecimiento humano alguno; nos bastará saber que el mismo Cristo es el objeto de nuestra generosidad. Nada se pierde. "Vosotros –comenta San Agustín– no veis ahora la importancia del bien que hacéis; tampoco el labriego, al sembrar, tiene delante las mieses; pero confía en la tierra. ¿Por qué no confías tú en Dios? Llegará un día que será el de nuestra cosecha. Imagínate que nos hallamos ahora en las faenas de labranza; mas labramos para recoger después según aquello de la Escritura: Iban andando y lloraban, arrojando sus simientes; cuando vuelvan, volverán con regocijo, trayendo sus gavillas (Sal 125)"7. La caridad no se desanima si no ve resultados inmediatos; sabe esperar, es paciente.

La generosidad abre cauce a la necesidad vital del hombre de dar. El corazón que no sabe aportar un bien a los que le rodean, a la sociedad misma, se incapacita, envejece y muere. Cuando damos se alegra el corazón, y estamos en condiciones de comprender mejor al Señor, que dio su vida en rescate por todos8. Cuando San Pablo agradece a los filipenses la ayuda que le han prestado, les enseña que está contento no tanto por el beneficio que él ha recibido sino, sobre todo, por el fruto que las limosnas les reportará a ellos mismos: para que aumenten los intereses en vuestra cuenta9, les dice. Por eso San León Magno recomienda "que quien distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría, ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá"10.

San Pablo también alentaba a los primeros cristianos a vivir la generosidad con gozo, pues Dios ama al que da con alegría11. A nadie –mucho menos al Señor– pueden serle gratos un servicio o una limosna hechos de mala gana o con tristeza: "Si das el pan triste –comenta San Agustín– el pan y el premio perdiste"12. En cambio, el Señor se entusiasma ante la entrega de quien da y se da por amor, con espontaneidad, sin cálculos...

III. Es mucho lo que podemos dar a otros y cooperar en obras de asistencia a los necesitados de lo más imprescindible, de formación, de cultura... Podemos dar bienes económicos –aunque sean pocos si es poco de lo que disponemos–, tiempo, compañía, cordialidad... Se trata de poner al servicio de los demás los talentos que hemos recibido del Señor. "He aquí una tarea urgente: remover la conciencia de creyentes y no creyentes –hacer una leva de hombres de buena voluntad–, con el fin de que cooperen y faciliten los instrumentos materiales necesarios para trabajar con las almas"13.

El Evangelio de la Misa nos enseña que la mejor recompensa de la generosidad en la tierra es haber dado. Ahí termina todo. Nada debemos recordar luego a los demás; nada debe ser exigido. De ordinario, es mejor que los padres no recuerden a los hijos lo mucho que hicieron por ellos; ni la mujer al marido las mil ayudas que en momentos difíciles supo prestarle, los desvelos, la paciencia...; ni el marido a la mujer su trabajo intenso para sacar la casa adelante... Queda todo mejor en la presencia de Dios y anotado en la historia personal de cada uno. Es preferible, y más grato al Señor, no pasar factura por aquello que hicimos con alegría, sin ánimo alguno de ser recompensados, con generosidad plena. Incluso, aceptar que las buenas acciones que pretendemos llevar a cabo sean alguna vez mal interpretadas. "Vi rubor en el rostro de aquel hombre sencillo, y casi lágrimas en sus ojos: prestaba generosamente su colaboración en buenas obras, con el dinero honrado que él mismo ganaba, y supo que "los buenos" motejaban de bastardas sus acciones.

"Con ingenuidad de neófito en estas peleas de Dios, musitaba: "¡ven que me sacrifico... y aún me sacrifican!"

"—Le hablé despacio: besó mi Crucifijo, y su natural indignación se trocó en paz y gozo"14.

Nos dice el Señor que debemos comprender a los demás, aunque ellos no nos comprendan (quizá no puedan en ese momento, como los menesterosos invitados al banquete, que no podían responder con otra invitación). Y querer a las gentes, aunque nos ignoren, y prestar muchos pequeños servicios, aunque en circunstancias similares nos los nieguen. Y hacer la vida amable a quienes nos rodean, aunque alguna vez nos parezca que no somos correspondidos... Y todo con corazón grande, sin llevar una contabilidad de cada favor prestado. Cuando se oyen los lamentos y quejas de algunos que pasaron por la vida –dicen– dando y entregándose sin recibir luego las mismas atenciones, se puede sospechar que algo esencial faltó en esa entrega, quizá la rectitud de intención. Porque el dar no puede causar quebranto ni fatiga, sino íntimo gozo y notar que el corazón se hace más grande y que Dios está contento con lo que hemos hecho. "Cuanto más generoso seas, por Dios, serás más feliz"15.

Nuestra Madre Santa María, que con su fiat entregó su ser y su vida al Señor y a nosotros sus hijos, nos ayudará a no reservarnos nada, y a ser generosos en las mil pequeñas oportunidades que se nos presentan cada día.

1 Cfr. Lc 14, 1. — 2 Lc 14, 12-14. — 3 Lc 6, 32. — 4 Mt 25, 40. — 5 Cfr. P. Croiset, Año cristiano, Madrid 1846, vol IV, pp. 82-83. — 6 1 Cor 13, 5. — 7 San Agustín, Sermón 102, 5. — 8 Cfr. Mt 20, 28. — 9 Flp 4, 17. — 10 San León Magno, Sermón 10 sobre la Cuaresma. — 11 2 Cor 9, 7. — 12 San Agustín, Comentarios a los Salmos, 42, 8. — 13 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 24. — 14 Ibídem, n. 28. — 15 Ibídem, n. 18.

 

Si desea adquirir los libros: http://www.palabra.es/buscar.asp?buscar=Hablar+con+Dios&tc=8501

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Santoral             (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

 

Wolfgang de Ratisbona, Santo Obispo de Ratisbona, 31 Octubre  

Wolfgang de Ratisbona, Santo

Obispo de Ratisbona
Octubre 31

 

Etimológicamente significa "que camina como el lobo". Viene de la lengua alemana.

El aliento fundamental del creyente en todo tiempo y lugar lo constituye la oración. Si no se alimenta de ella se parece a un cielo sin sol o a un jardín sin bellas flores.

La vida de este joven comenzó en el año 937 hasta que murió en Peppingen (Austria) el 31 de octubre del 994.

Cuando en la vida hay personas que les molesta el nombre que le han puesto, él, sin embargo, se lo agradeció a sus padres. Y con gracia les decía:" Sólo que yo corro detrás de las ovejas para alimentarlas y no para matarlas".

Comenzó su trabajo como profesor. Pero este trabajo, aunque bello y lindo, no le llenaba. Por eso pidió entrar en los Benedictinos.

En sus sueños juveniles llevaba impresa la imagen de ser misionero en Hungría. No era el mejor momento, ya que los húngaros habrían sufrido una derrota con los alemanes.

A su vuelta de Hungría, lo nombraron obispo de Ratisbona. Fue un obispo apostólico, lleno del celo de Dios por sus fieles. Mostraba ante ellos una santidad viva y un amor que no conoce límites.

Logró, mediante su ejemplo, transformar la diócesis y al mismo clero.

Tenía tiempo para todo. El mismo se encargó de la formación del futuro emperador san Enrique II.

Por su parte era amable e indulgente con todos, sobre todo con los que más merecían estas dos cualidades de su rica personalidad.

Cayó enfermo en Peppingen, cerca de Linz mientras hacía una visita pastoral a esa parte de la diócesis. Lo llevaron, a petición suya, al altar para que le diesen la Unción de los Enfermos. La muchedumbre se agolpaba para verlo. El clero quería impedirlo. Entonces les dijo:" Dejad queme vean morir y que Dios nos dé a todos su misericordia".

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Lucilla de Roma, Santa Virgen y mártir, 31 Octubre  

Lucilla de Roma, Santa

Octubre 31

 

Etimológicamente significa "luminosa, resplandeciente". Viene de la lengua latina.

Oseas dice:"Apliquémonos a conocer al Señor; su venida es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia de primavera que refresca los campos".

Dos términos embarazosos expresan el inicio y el fin del día: el alba y la puesta del sol.

Lucilla es el diminutivo de Lucía. Como virgen y mártir del siglo III se le recuerda en el calendario el día de hoy.

Hay poca documentación acerca de Lucilla. Sin embargo sí que hay bastante en el aspecto simbólico, traducido como luz que proviene de la fe en Cristo, luz del mundo.

El cuerpo santo de Lucilla fue extraído del cementerio de san Calixto en 1642 para llevarlo a Regio Emilia, Italia.

La narración acerca de su vida parece lejano y legendario.

Habla dela persecución de Valeriano en el 257. En este tiempo el tribuno Nemesio le pidió al Papa y se lo concedió el bautismo para sí mismo y para su hija Lucilla.

Esta, ciega de nacimiento. Recobró la vista después de la ceremonia del bautismo.

La nueva fe y el milagro hicieron que el tribuno "pasara" de las órdenes imperiales.

El emperador le pedía que volviera a la religión oficial del Imperio. Se negó en rotundo y, como consecuencia, padre e hija murieron mártires.

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Foilán de Fosses. Santo Abad y misionero, 31 Octubre  

Foilán de Fosses. Santo

Nació en el siglo VII en Irlanda.

Hermano de San Fursey y San Ultan. Viajó con ellos desde Irlanda a Inglaterra donde realizaron labores misioneras, y establecieron un monasterio cerca de Yarmouth.

Abad de la comunidad en Cnoberesburg, Suffolk por el año 640, una casa fundada por su hermano Fursey.

Durante una guerra entre los Mercians y los Anglosajones en el 650 la casa fue destruida, los hermanos asesinados, capturados o dispersados.

Foillan rescató a sus hermanos, recuperó las reliquias no destuidas, los libros y ornamentos litúrgicos de la casa, y viajó a Francia.

Él y sus hermanos fueron acogidas con beneplácito y apoyados en su labor evangelizadora por el rey Clodoveo II.

Foillan fundó un monasterio en Fosses, diócesis de Lieja, en el año 653 en las tierras donadas por San Itta de Nivelles y Santa Gertrudis de Nivelles.

Fue electo abad de este monasterio, como referencia podemos indicar que a sus alrededores creció a la moderna ciudad de Le Roeulx, Bélgica.

Fue también capellán y director espiritual en la casa fundada por Santa Gertrudis.

Predicador popular y pastor dedicado a su pueblo, murió asesinado junto con tres compañeros por unos bandidos que los atacaron en uno de sus viajes.

Su hermano sobreviviente, Saint Ultan, tomó el cargo de abad de Fosses.

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León Nowakowski, Beato Sacerdote y Mártir, 31 Octubre  

León Nowakowski, Beato

El beato León Nowakowski, sacerdote diocesano polaco, nace en Byton el 28 de junio de 1913 y murió en la localidad de Piotrkow Kujawski, durante la ocupación militar de Polonia, por su fe fue fusilado a manos de un régimen contrario a Dios.

Fue beatificado por Juan Pablo II en Varsovia (Polonia) el 13 de junio de 1999 junto con otros 107 mártires polacos.

Para ver más sobre los 108 mártires de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial haz "click" AQUI

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Fuente: Sjmex.org
Domingo Collins, Beato Mártir Jesuita, 31 Octubre  

Domingo Collins, Beato

Domingo Collins nació hacia 1566 en la ciudad de Youghal, del condado de Cork, en Irlanda.

Tendría unos veinte años cuando partió para Francia. Allí decidió seguir la carrera militar, en la que tanto se distinguió que rápidamente es promovido al rango de capitán.

En 1598 hace una nueva opción de vida ingresando en la Compañía de Jesús en Santiago de Compostela, donde pronuncia su profesión perpetua como Hermano Coadjutor.

Vuelve a Irlanda en 1601, pero el 17 de junio de 1602 lo hacen prisionero los ingleses, que en vano forcejean por hacerle renegar de su fe. Condenado a muerte, fue ahorcado el 31 de octubre de 1602 en Youghal, ciudad donde había nacido.

Juan Pablo II lo beatificó, juntamente con otros dieciséis mártires irlandeses, el 27 de septiembre de 1992.

Los otros beatificados fueron:
Patrick O'Healy, Obispo de Mayo, 31 agosto
Conn O'Rourke, Sacerdote de los Frailes Menores, 31 agosto
Matthew Lambert, Laico,
Robert Meyler, Laico,
Edward Cheevers, Laico,
Patrick Cavanagh, Laico,
Dermot O'Hurley, Obispo de Cashel
Margaret Ball nata Bermingham, Laica
Maurice Mac Kenraghty, Sacerdote de la diocesis de Limerick
Conor O'Devany, Obispo de Down y Connor
Patrick O'Loughran, Sacerdote de la diocesis de Armagh
Francis Taylor, Laico
Peter Higgins, Sacerdote dominico
Terence Albert O'Brien, Obispo de Emly, domenico
John Kearney, Sacerdote de los Frailes Menores
William Tirry, Sacerdote agustino

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Cristóbal de Romagna, Beato Sacerdote, 31 Octubre  

Cristóbal de Romagna, Beato

Fue inicialmente sacerdote diocesano, ejercía el ministerio de párroco quizás en Cesena en Romagna.

Aproximadamente cuando tenía cuarenta años dejó todo para ser un seguidor de San Francisco de Asís y entrar en la naciente Orden de Frailes Menores.

El Beato Cristóbal ejerció su apostolado entre los leprosos y es distinguido por la austeridad de su vida.

San Francisco lo envió a que predicara en Francia contra algunos herejes. Fundó varios conventos franciscanos, el primero de ellos fue el de Chaors en Guyenne una región al sur de Francia. Le pertence el gran mérito de ser capaz de extender la orden franciscana por las Galias.

Murió en 1272, en Cahors, de Aquitania, posiblemente ya centenario.

Su veneración fue ratificada en 1905.

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Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; Colección Hablar con Dios de www.FranciscoFCarvajal.org de www.edicionespalabra.es , misalpalm.com, Catholic.net

 

 

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